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Somos tan diferentes…

Mi viaje hizo un stop en Siem Reap donde estoy dando clases de inglés. Es un stop en el sentido que no me estoy moviendo de un lado para otro. Lo que se mueve es mi cabeza y mis sentimientos. Lo que se mueve no se ve pero se siente todo el tiempo.

Cambodia tiene dos estaciones la del calor y la de las lluvias, estamos transitando estas últimas. Todas las mañanas amanece con sol y calor soportable, y todos los días entre las 3pm y las 4pm comienza a llover, cada dia más fuerte. Mi camino hacia la última clase transcurre sobre barro rojo e inmensos charcos de agua que cada dia tardan más en drenar, el olor es intenso mezcla de lluvia y tierra. Un espectáculo hermoso y diferente cada día, sombrío por momentos calmo en otros. Asia está llena de color aún en los días grises.

Cada día los conozco más, cada dia nos conocemos y confiamos más en cada uno. Los niños continuan riéndose de mis rasgos y tocándome los tatuajes pero ya se animan al abrazo, a tirarme algún beso desde lejos, a descansar sus cabezas en mis piernas, ya se animan a desafiarme y desobedecerme, o sea ya somos familia, ya nos queremos. Pero no es fácil acatar las costumbres tan diferentes que tienen entre adultos y sobre todo con los niños. No está bien visto tocarles la cabeza, ni la cara mucho menos la boca, ni tampoco dejarse tocar esas partes. Es considerado falta de respeto.

De hecho evitar todo contacto físico es lo óptimo. O sea que debo con mucha gentileza evitar que los niños se me acerquen demasiado, y no fomentar las muestras de cariño que estimo ellos promueven de manera muy natural.

Tampoco puedo salir sola con ninguno de los niños de la casa, no está bien visto que se los vea a solas con un extranjero, aún en mi caso siendo mujer. Costumbres mezcla de un pueblo lleno de tradiciones y que sobretodo han disminuido gracias a la distancia óptima, el abuso sexual por parte del extranjero.

Me descubrí una excelente catadora de platos exóticos, ante la mirada entre divertida e inquisidora de Mom cada vez q me ofrece la comida no puedo hacer otra cosa que aceptar, comer y callar. A veces pienso qué comida argentina le puede provocar al extranjero tanta impresión como a mi algunas texturas y bichos de acá. Como saben que soy vegetariana he podido eludir animales poco deseables aún para el más carnívoro, pero descubrí texturas y sabores exquisitos, saludables y únicos. Cuando soy la mayor alrededor de la bandeja redonda ubicada en el piso, mis cuencos se ubican fuera de la bandeja, dice la tradición que los mayores comemos más lento y por respeto nos dejan a un lado. Casi siempre está Mom que tiene 63 y es ella la que queda afuera de la bandeja. Por suerte ya superé los dolores de rodilla por estar tanto tiempo arrodillada en el piso y me levanto cada vez con más agilidad aunque nunca obtendré la gracia que tienen ellos para hacerlo.

La ropa se lava en grandes palanganas de hierro a pura fuerza porque el jabón es muy escaso y caro, por eso es fácil ver a la gente con la ropa percudida o cuando estas de buenas podes ir al lavadero que por 2 dólares te lava un kilo de ropa. Pero me comporto como local y el lavadero es para extranjeros. No hay una costumbre de limpieza general…he visto como entra agua por una puerta gracias a la fuerte lluvia y se seca el piso con la prenda que más a mano tienes. Los pisos se ensucian en el momento de comer ya que como siempre estamos descalzos en el interior de la casa no se ensucia demasiado. Creo que extraño el olor a lavandina, es ese olor a limpio que no sentí en estos meses. De todas maneras con muy poco son muy limpios puertas adentro y muy sucios en la calle. Tiran todo a la calle, por las ventanillas de buses o trenes, pilas de basura que tardan en recolectar y el encargado de hacerlo a bordo de un viejo camión de madera le pone muy poca onda y la mitad queda en el mismo lugar.

Como si fuera poco, aunque ya lo sabía por otros blogs, los insectos extraños son muy variados. Los que me conocen saben mi poca tolerancia a bichos raros, pero para mi sorpresa lidio con ellos con una paz increíble. Asco me dan, por feos, por desconocidos, por impertinentes pero no les temo, mantengo la calma, respiro hondo y los saco de mi cuarto como puedo. Los cascarudos son gigantes, las lombrices gruesísimas, los ciempies tienen más de cien patas, con las lagartijas y los sapos nos acostumbramos mutuamente.

Y como si fuera poco alguien me tocó el corazón de manera suavemente diferente. Venimos de continentes diferentes viviendo en otro continente que nos es ajeno. Los dos abrazamos culturas, costumbres e idiomas muy diferentes y sin embargo nos une Asia y la lejanía de todo. Me gusta pensar en cada puerto un amor, pero tampoco quiero ser tan ambiciosa me alegra disfrutar con Akin cada semana un poco del sol de Africa.

Mediodía con luz especial

Después de la tormenta diaria…así quedó…

Cosas dulces y ricas en la calle

Mini mandarinas anti resfrio

Todo color. Cero fotoshop.

Disfrutando aunque llueva

2 comments on “Somos tan diferentes…

  1. elcieloyelinfierno dice:

    Muy buena reseña, de costumbres de una sociedad completamente desconocida en mi caso y fundamentalmente de la cosmovisión social-cultural, que les es propia. Un cálido saludo.

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias. Lo mas hermoso es que todos necesitamos lo mismo. Solo cambian las formas. Abrazo

      Me gusta

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